Revista - Avior Air

Editorial - Año 3 - Nro. 30

Año: 3 - Número: 30 - Ver versión completa
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Una de las partes más emocionantes de recorrer nuestros destinos no es solamente descubrir los paisajes maravillosos, de un amanecer en isla de Margarita a un atardecer en el malecón de Miraflores en Lima. O pasar de una caminata a media tarde en la calzada de Amador en Ciudad de Panamá al ritmo que invita a bailar en un club en las noches de Miami. Todas estas son experiencias encantadoras en su propio estilo, pero cuentan solo una parte de la historia y a nosotros nos gusta acercarnos también a la gente, esas protagonistas también del destino, y no hay mejor forma de descubrir a las personas que con su hablar.

Como no nos gusta estar detenidos en el tráfico le pedimos a nuestro conductor que evite el “tranque” de las horas pico en Ciudad de Panamá y sabemos que si queremos decir mucho podemos usar “buco”. Si estamos en Barquisimeto sabemos que no tardaremos demasiado en escuchar un “naguará” y si seguimos por el occidente hacia Maracaibo podemos sin temor pedir una “agüita de sapo” porque ¿quién puede resistirse a una arepa bien tostada de queso con pernil en su jugo? ¿Y quién no ha escuchado, si está hablando “culería”, del Diccionario carupanero?

En Caracas no sólo está la capital de Venezuela sino la ciudad donde “burda” es mucho y si nuestro equipo deportivo favorito es derrotado debemos prepararnos para el “chalequeo”, esa burla casi amistosa a la que debemos someternos; mientras que en el oriente del país todavía podemos encontrar quien le diga “guachicón” a los sneakers o zapatos deportivos.

Nos faltarían páginas en esta revista para repasar una lista de cosas “bacanas” para hacer en Bogotá y no podemos esperar para llegar a la playa cuando leemos en los aeropuertos de las Antillas ese Bon bini que parece escrito con letras tan coloridas como las fachadas de las casas.

Después de los primeros viajes aprendimos el placer de ir a los “agachaditos” o “huecas” en Guayaquil, aunque nos sigue pareciendo extraño que le digan así a los rincones gastronómicos callejeros. Y desde que comenzamos en esta ruta sabemos que para un limeño un elogio a su tierra “vale un Perú”.

En Miami nos hemos acostumbrado al spanglish así como en Valera y Medellín al hablar pausado de la gente de la montaña. En Manaos podemos ver los banzeiros, esas ondas tan peculiares que se forman en los ríos amazónicos tras el paso de los barcos.

Cada vez que ampliamos nuestra red de destinos nos emociona saber que, además, vamos a conocer gente maravillosa con sus particularidades, entre ellas esas palabras que les son propias y que, cuando las descubren para nosotros es una manera de decirnos bienvenidos.

Por eso, cuando pensamos en retos para el futuro, aparte de distancias y aeropuertos pensamos también en esas nuevas frases porque: ¡Ché! ¿No sería repiola morfarse un asadito en Baires?.

Juan Bracamonte

Director
Grupo Avior